De mayor quiero ser chófer.
Los lectores provectos recordarán aquellos tiempos pretéritos en los que la gente se conocía entre sí y se paraba en la calle para saludarse y hablar sin prisas. En los casos en que había niños presentes, la reacción inmediata del amigo era darle una moneda al niño para que se comprara una golosina. De alguna manera era un gesto obligado de reconocimiento de amistad, que al mismo tiempo frecuentemente iba acompañado de la preceptiva pregunta al infante acerca de lo que quería ser cuando fuera mayor. De este modo los niños nos pronunciábamos sobre lo que nos apetecía y unos querían ser bomberos, otros soldados y otros médicos, según la concepción que respectivamente tuviesen -dentro de su limitado conocimiento- de aquellas profesiones. En mi caso, entendiendo que tenía más espabilación que tengo de adulto, lo cuál no es difícil, mi objetivo profesional era ser obispo, lo cual muy probablemente tendría que ver con la admiración que me provocaba la pompa y fasto que rodeaba a ...