De mayor quiero ser chófer.
Los lectores provectos recordarán aquellos tiempos pretéritos en los que la gente se conocía entre sí y se paraba en la calle para saludarse y hablar sin prisas. En los casos en que había niños presentes, la reacción inmediata del amigo era darle una moneda al niño para que se comprara una golosina. De alguna manera era un gesto obligado de reconocimiento de amistad, que al mismo tiempo frecuentemente iba acompañado de la preceptiva pregunta al infante acerca de lo que quería ser cuando fuera mayor.
De este modo los niños nos pronunciábamos sobre lo que nos apetecía y unos querían ser bomberos, otros soldados y otros médicos, según la concepción que respectivamente tuviesen -dentro de su limitado conocimiento- de aquellas profesiones.
En mi caso, entendiendo que tenía más espabilación que tengo de adulto, lo cuál no es difícil, mi objetivo profesional era ser obispo, lo cual muy probablemente tendría que ver con la admiración que me provocaba la pompa y fasto que rodeaba a los obispos de la época, siempre con mitra o bonete, bajo palio y ofreciendo su anillo para que lo besasen curas, monjas y fieles, previa genuflexión ante su majestuosa figura, realzada en ocasiones por una vistosa capa de cola en actos oficiales y procesiones.
Con la aparición de la pubertad, me empezaron a atraer más las faldas que las sotanas, el flequillo que la tonsura y el olor a Chanel nº 5 que el del incienso, motivo por el que me fui alejando de aquella idea de proyección vital, probablemente de forma acertada y de la que no me arrepiento.
Viene todo esto a colación de que tal vez si hoy preguntasen a algún joven sobre sus aspiraciones profesionales, muchos de ellos se pronunciarían, sin dudar, sobre la de chófer.
Haciendo un breve repaso al paisaje actual de empleos productivos, que te permiten poseer varios pisos y unos cuantos millones de euros en tu cuenta bancaria, uno de los mejores posicionados es el de chófer.
En todo caso, es conveniente saber de quién tienes que ejercer como chófer. No es lo mismo ser chófer del autobús urbano o de la furgoneta de SEUR, que serlo de un ministro, un político o un algo cargo del gobierno.
En nuestro país, tenemos claros ejemplos recientes que nos remiten a casos como el del tristemente célebre "chófer de la coca", sujeto quién, con dinero procedente del pecunio público, se daba la gran vida y financiaba fiestas con señoritas, copas, drogas y lo que se terciase, compartidas no se sabe con quienes, o sí.
Otro chófer mediático, sobre todo estos días, está resultando un tal "Koldo", con un currículum académico sensiblemente inferior al de "Cañita Brava" y que, además de conducir, consiguió hacerse nada menos que con una asesoría en el todopoderoso Ministerio de Fomento y Transportes de España. Olé por él y también por quien o quienes lo auparon y nombraron.
Como no quiero abundar en este tema, dado que estos días tenemos para aburrir en todos los medios de comunicación y cada quién que saque sus propias conclusiones, que ya somos todos mayorcitos, me referiré únicamente a la rentable profesión de chófer, cerrando el capítulo de chóferes ilustres con el señor Santos Cerdán, quién con su flamante FP por toda formación académica, tiene todo el poder sobre el partido que gobierna nuestro país, y es el mensajero de Pedro para que ponga la cara con Pokemón, vaya a convencer al Algarrobo o realice cualquier trabajo que no sea pasearse con el Falcon, que eso está reservado exclusivamente para el Jefe, más ahora que ha contratado un catering top de lujo para los frecuentes vuelos del aparato con su insigne pasajero.
Por cierto, ¿el piloto del Falcón llegará a tener la proyección que han tenido o puedan llegar a tener los pilotos terrestres?; por rango y formación, comparativamente con los otros, este como mínimo tendría que llegar a vicepresidente del Gobierno, aunque el cargo -no se sabe por cuanto tiempo- está ocupado.
Finalmente, si sus hijos, o nietos, se dejan aconsejar para orientar sus carreras, como parece que la formación está reñida con el enriquecimiento, sugiéranles un FP, como mucho, y sobre todo obtener rápidamente el carnet de conducir, aunque sea copiando; el resto puede estar hecho, siempre y cuando "no los pillen con el carrito de los helados", como afortunadamente viene ocurriendo con estos delincuentes de tres al cuarto y sus mentores y encubridores que se ponen de perfil y miran para otro lado a ver si la cosa cuela.
Mientras se dilucida todo este asunto, confiemos en que, entre los ochocientos y pico asesores en nómina, que asesoran, si es que asesoran, a nuestro actual gobierno, no existan muchos chóferes; porque en otro caso, aviados estamos.






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