La penúltima tontería.
Titulo esta crónica como "la penúltima tontería" porque muy probablemente, a la hora de volver a leer esta "tontería" ya habrá otra nueva que supere a esta. En cualquier caso, no me resisto a dejar constancia escrita acerca de mi opinión sobre la degradación a la que se está viendo sometido el noble deporte del fútbol, tan presente en nuestro tiempo y creciendo constantemente desde su invención hace más de un siglo por parte de cuatro ingleses que se les dio por pegarle patadas a un balón y poner cuatro reglas de aquella manera a su libre albedrío, como es habitual en todo lo que se cuece en la pérfida Albion.
Pues bien, las normas, reglas y demás, que se habían fijado en torno al deporte de masas por antonomasia, iban funcionando, mejor que peor, a lo largo del siglo XX, dando lugar en el último cuarto de siglo, y un poco antes, a épocas gloriosas que permanecerán para siempre en el recuerdo de los que ya peinamos canas.
De este modo conservamos en la retina las genialidades de los irrepetibles Di Stéfano, Beckenbauer, Pelé, Cruyff, y más recientemente Messi y alguno más.
Obviamente, en aquellos años no existían los adelantos tecnológicos actuales y si querías ver algún gol o alguna jugada interesante, deberías de estar atento a la pantalla para no perdértelo. En todo caso, la única cadena de televisión que te ofrecía la retransmisión (gratis), te regalaba la repetición del gol por si te lo habías perdido.
En los años 60, el único partido que podías ver era el que retransmitían (en blanco y negro) el fin de semana entre dos equipos de Primera División Española.
Después la cosa fue mejorando y en los 70 ya te ofrecían resúmenes de los goles en los respectivos estadios. Por allí andaba un tal Pedro Ruiz, veinteañero, haciendo sus pinitos televisivos con sus reportajes y entrevistas a pie de campo y, cómo no, el amigo Pepe Domingo Castaño construyendo su leyenda como referente radiofónico nacional de las tardes de fútbol, que se concentraban en las tardes del domingo y que concitaban una respetable audiencia de los fieles al deporte rey al tiempo que, más de media España, fumábamos con fruición aquellos puritos a los que nos invitaba el locutor entre gol y gol, con la oreja pegada al transistor.
Llegado ese punto y situados ya en el final del primer cuarto del siglo XXI, nos encontramos con un escenario completamente diferente.
La irrupción del VAR, como elemento fiscalizador de las dudas que pudieran surgir en el arbitraje natural de los partidos, vino a destrozar la esencia de este deporte y, sobre todo, la paciencia de sus seguidores.
La analítica "de laboratorio" a la que se somete cada jugada de gol, o la anterior al gol, paraliza los partidos y por ende su ritmo y pierde el encanto de la posterior discusión entre forofos de que si aquella entrada hubiera sido penalti o no. Definitivamente, se han cargado las discusiones y tertulias de los lunes.
También, cierto es, que los lunes de hoy ya no son los lunes de antaño. Ahora hay partidos los viernes, los sábados, los domingos, los lunes y demás; con lo cual, cuando te quieres cachondear de tu rival porque su equipo ha perdido, ya es tarde, porque el tuyo ha perdido también.
Voy a finalizar esta larga introducción que hago para poner en contexto mi crítica, porque mi tremendo cabreo viene hoy determinado por la suspensión del partido Benfica-Chelsea, correspondiente al Mundial de Clubes 2025, debido a "la amenaza de tormenta" en aquella localidad de USA.
Me he tomado la molestia, aprovechando para escribir estas líneas, de estar atento a los comentarios de la retransmisión. Para los que no estén pendientes de este tema (ni falta que les hace), aclararé que este partido de fútbol se suspendió a falta de 5 (cinco) minutos para su finalización por una previsión de tormenta en un radio cercano a la localidad de celebración.
Vamos a ver, imbéciles, yo no soy un indio comanche, pero en cinco minutos, mirando al cielo, ya sabes si va a llover o no de forma inmediata. Y si llueve, que llueva (la Virgen de la Cueva), en ese tiempo casi no te llegas a mojar. Y si cae un rayo, "malo será".
A estos "pensadores" de la FIFA, la UEFA y demás siglas y chupópteros más, habría que llevarlos a los campos de Regional Preferente y ponerlos de porteros para que se enterasen de lo que es barro, lluvia, granizo, nieve y demás fenómenos atmosféricos que soportan los deportistas de base sin suspender los partidos.
Tampoco hay que irse a ligas "menores" no profesionales. Antes de tanta tontería y de cogérsela con papel de fumar, ya se venían celebrando partidos de primerísimo nivel en condiciones meteorológicas mucho más adversas que el sol radiante que iluminaba ayer el estado americano (con amenaza de tormenta, según los señoritos yankees).
Una "amenaza de tormenta", pronosticada por cuatro satélites meteorológicos de Elon Musk (así le va), no puede ni debe aplazar un partido de fútbol a falta de cinco minutos para el final.
A mí, si me pagan bien, ya les aseguro si va o no a llover o tronar dentro de 10 o 15 minutos. Es lo que calculo diariamente para sacar a pasear al perro y no me falla nunca. Miras para el cielo, ves la velocidad y dirección del viento; si hubo un trueno calculas grosso modo la distancia a la que se produjo..., y ya. No falla.
Postdata: Para colmo del ridículo, después de la suspensión hace más de dos horas, los futbolistas continúan esperando para volver al campo "por si dentro de cinco minutos hay una tormenta".
Pues, nada, como digo en el encabezamiento, vamos a esperar a la nueva tontería, a ver que nos depara y que me obligue a ponerme al teclado para desahogarme un poco.








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