¿Jueza o juezo?

 



Compadezco a los miembros de la Real Academia Española que velan por la adecuada utilización de los términos gramaticales y su constante actualización, en estos tiempos en los que nuestros próceres políticos "inventan" cada día nuevas acepciones para describir sus desmanes y desvarios del momento, según sea el caso y el relato que haya que construir acorde a sus necesidades.






Con todos mis respetos hacia las personas que alaban, o aprueban, este nuevo lenguaje que impera en todos los medios de comunicación, por mi parte estoy disconforme con su utilización y harto de escuchar repetidamente términos como "techos de cristal", "tender puentes", "geometría variable", "cordones sanitarios", "líneas rojas", "transversal", "poliédrico", y otro tipo de lindezas que "los cocineros" de la información y marketing político, acuñan constantemente para intentar edulcorar ciertas actuaciones de quienes les pagan la nómina; si bien los justifico porque comer, hay que comer todos los días, haciendo lo que sea menester, incluyendo inventos terminológicos, cual es el caso.





En la misma dirección, o probablemente peor, de torpedear sin piedad la línea de flotación de nuestra Lengua, va encaminada la lamentable pesadilla que estamos padeciendo de lo que se ha dado en llamar "lenguaje inclusivo"
Sin entrar a valorar el argumento político, que no es mi ánimo y sobre el que tengo, como no podría ser de otro modo, mi propia opinión; el despropósito gramatical es mayúsculo. Por poner algunos ejemplos, si la palabra "juez" era extensiva para ambos géneros simplemente anteponiendo el correspondiente artículo "el" o "la", ¿por qué hemos de añadirle la -a?; también me pregunto si en el caso de que el togado sea macho, deberemos de añadirle la -o, para que de tal modo tengamos "jueza" y "juezo" como referencias lingüísticas a la hora de relacionarnos con la Justicia. Ya no quiero pensar en la tercera opción propuesta desde el ministerio inédito de igual da, que vendría a ser "juece". Si yo fuese abogado, que no lo soy, me preocuparía a la hora de dirigirme a "Su Señoría" o "Su Señorío", porque las togas todo lo cubren, y si la "jueza" se cortara el pelo "a lo garçon", podría pensar que era San Antón, cuando realmente se trataba de la Purísima Concepción.






Creo que, en este ambiente judicial, si se decide dictatorialmente mantener el lenguaje inclusivo, lo que procedería antes de cada juicio, sería que sus señorías remangasen la toga para exhibir sus atributos, al más puro estilo de los exhibicionistas, de tal modo que, a partir de su contemplación, si hubiere cosas colgando o no, nos sacarían de dudas.





Esta reflexión no es muy disparatada pues existen precedentes de esta comprobación sexual dentro de la mismísima iglesia católica. Cuenta la leyenda que, en tiempos del papa Juan VIII, para verificar su condición sexual y pudiera acceder a su mandato (ya que lo de las papisas no se llevaba) se habría sentado al futuro sumo pontífice en la Sedia stercoraria, que no era otra cosa que una silla agujereada por allí, de la que pendían sus atributos para palpación de los mismos por parte de diáconos con posesión del título de Palpati, cuya función consistía únicamente en palpar aquellas cosas. En caso afirmativo, la exclamación al uso del Palpati de turno era la de "Duos habet et bene pendentes", frase que, obviamente, no requiere traducción. Este trabajo de "palpati", debía de estar muy demandado en su tiempo ya que entre papa y papa transcurrían muchos años y el que se tocaba los huevos durante todo el tiempo, era él mismo, cobrando igual y cotizando, supongo.






Otro tanto, desde el concepto estrictamente gramatical que nos intentan imponer estas huestes, ocurriría en muchas otras profesiones, como las de psiquiatra o psiquiatro, o sustituir el término castrense de "teniente" para redefinirlo como "tenienta" o "teniento".

Al final de todo este pifostio, creo que se están perdiendo los papeles y las referencias, en pos de no sequé intencionalidad política (o sí lo sé), pero desde estas humildes líneas quiero manifestarme una vez más y rebelarme contra la perversidad de la utilización del lenguaje a modo de piel de cordero para disfrazar el lobo que llevan dentro sus coyunturales y esperpénticos beneficiarios.




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