La Casa de tócame Roque.
Recurro a la expresión "La Casa de tócame Roque" como paradigma del caos, desgobierno, confusión y alboroto en los que, a mi entender, esta sumido este país de pandereta para dar título a estas humildes reflexiones.
Y viene esto a cuento porque el esperpento comienza entre los propios gobernantes, políticos y partidos: la ministra de igual da, se arranca de las patas de atrás y arremete contra la ministra de justicia y jueces (a quienes a tenor de sus valoraciones, les debió de tocar su titulación en una tómbola); por su parte, la vicepresidenta de a dedo y cuota, se va por la banda como Messi y sigue a lo suyo que es Sumar, mientras la ministra portavoz, en sus intervenciones públicas, luce una sonrisa tipo rictus que no se la cree ni ella, para intentar dulcificar este intragable potaje de cara al votante potencial.
Entretanto, los indepes se parten el culo, cacarean y ponen en almoneda al Gobierno sin el menor rubor. A lo mejor, visto lo visto, habría que ir pensando en cambiar la ley electoral, dadas las características de nuestro país y el sinsentido a que hemos llegado. Doctores tiene la Santa Madre Iglesia.
Lo peor del asunto es que la anómala situación se intenta normalizar y me temo que se consigue en muchos casos, ante espectadores poco sagaces que se conforman con escuchar el mantra extendido entre nuestras ministras de que "nos estamos dejando la piel".
Como se descuiden un poco, van a parecer conejas despellejadas, de tanto repetirlo. No obstante, yo las veo con la misma piel de siempre.
Circunscribiéndonos al ámbito político, estaba todo tan tranquilo -es un decir- cuando a mentes privilegiadas se les ocurre modificar una importante ley para dejarla peor de lo que estaba en un inimaginable escorzo para, supongo, hacer ver que se está haciendo algo y justificar el sueldo y la imagen, que eso es importante y de algo hay que comer.
Esto me recuerda una reflexión de Chomsky acerca de la malintencionada creación de un problema en donde no existe, para después ofrecer una solución preconcebida de antemano y ganarse el aplauso y reconocimiento de la plebe. En este caso, parece que el tiro salió por la culata y al final se formó un pifostio sin precedentes en el gobierno progresista de coalición que nos gobierna acorde con sus criterios poliédricos y transversales, valga el eufemismo.
Eso sí, a todo esto, siempre está preparado "el relato" oficial para intentar hacer comulgar con ruedas de molino a la población y, cómo no, las legiones de periodistas y medios afines al régimen maquillando todo aquello que no hay por donde cogerlo con todo tipo de retóricas infumables para un intelecto normal e imparcial.
Mientras tanto, asistimos en el Congreso a las sesiones de control de nuestros representantes, que más se asemejan a la pista del Circo Price que a una Cámara en la que se deberían de debatir asuntos más serios -y con más seriedad- como son aquellos que nos conciernen a los sujetos pasivos de toda esta payasada no apta para coulrofóbicos, teniendo que escuchar sandeces como la que suelta toda una ministra -no lo ha dicho Cañíta Brava- de que no hay que usar sujetadores porque es violencia sexual. Nos estamos volviendo locos.
Eso sí, baja el IVA y sube la leche. Necesito que venga alguien urgentemente y que me lo explique, pero que no sea el señor ministro de consumo quien, a mi criterio, nos regala con indeseada frecuencia impertinencias e incongruencias poco afortunadas. Tampoco me sirve la ministra de hacienda quien, sin despeinarse más de lo que aparenta, manifiesta que ha ido a la compra y ha notado la rebaja del IVA.
No sé si será culpa del Gobierno, del PP, de los Orcos o del coño de la Bernarda, pero yo hago la compra diariamente y me han subido hasta los huesitos del perro.
A todo esto, el jefe de la manada -¿se podrá decir manada de forma metafórica sin asociarse a otras cosas, no?- encaja, con cara de poker, todo tipo de manifestaciones e improperios procedentes de sus allegados de conveniencia mutua, interesada y fugaz, atribuyéndosele mérito por parte de sus acólitos y palmeros por el hecho de saber navegar en tan procelosas aguas y, sensu contrario, siendo criticado por la oposición por ceder a todo tipo de oprobios y chantajes, a cambio de dormir una noche más en los confortables colchones de Moncloa.
En todo caso consolémonos, pues la otra España, recordando al españolito de Machado "...ha de helarte el corazón", está entretenida y polarizada -cómo no- con Piqué y Shakira, Ayuso y el Gobierno, Vargas Llosa y la Preysler y el Barsa y el Madrid.
Y con todo esto, vengan días y caigan chuscos y aplausos por doquier. Esos, qué no falten, como si todo estuviera yendo bien y aquí no pasara nada.
.








Comentarios
Publicar un comentario