De eufemismos, maquillajes y edulcorantes.

La cotidiana y a la vez grosera proliferación de mensajes que intentan justificar lo injustificable, me mueve a escribir dos líneas a propósito de esta corriente de la comunicación que muchos escépticos enemigos de la edulcoración artificial tenemos que contemplar con indisimulado cabreo.






Una de las causas de que esta sociedad vaya como el culo, permítaseme la expresión, es la ausencia total de autocrítica a todos los niveles, comenzando por nosotros mismos. Si bien y en principio todos nos consideramos autocríticos y empáticos, esto no deja de ser una manifestación de autocomplacencia que nada tiene que ver con los anteriores términos, quizás porque no los entendamos o no los practiquemos.

Dicho esto, lo extrapolamos a otros niveles. Para no referirme exclusivamente al circo -que no círculo- político, podemos escuchar a idolatrados y multimillonarios entrenadores top de fútbol como, después de haber perdido un partido, le echan la culpa al rival por haber planteado una defensa de "bloque bajo"; vamos a ver, imbécil, te han ganado por estrategia, intensidad y, sobre todo, porque han marcado más goles que los tuyos. Y punto.






Tampoco los aficionados se quedan cortos a la hora de buscar argumentos. Si lo presente pinta mal, hay que apelar al pasado y viceversa. Así, cuando el Barcelona le pinta la cara dos veces seguidas al Madrid, los merengues se atrincheran en las copas de Europa con especial énfasis, como si fuera más importante el pasado que el presente o el futuro. Yo también fui alto, guapo y rubio, pero ahora soy un retirado más.

Pues bien, otro tanto ocurre con la ralea política. Resulta que en estos momentos ya han creado nuevas expresiones para describir la corrupción conocida (de la desconocida no podemos hablar, aunque es como las meigas, haberla haila), y nos han espetado términos tan sofisticados como "corrupción cutre" o "corrupción de baja intensidad". Vamos a ver, un asesino es un asesino, mate una vez o cuatro y un violador es un violador, viole a dos o a cinco. Entonces, lo que no se puede admitir son maquillajes en este sentido; si un señor por la tarde vota en contra de la prostitución y esa misma noche se va de putas, blanco y en botella; esto en cuanto a la ética, en cuanto a "la pela", pues más de lo mismo; quien roba, roba; robe mil euros o un millón: ese tipo es un ladrón según la RAE y según el sentido común.




Para finalizar, pues este tema de los "relatos" me tiene bastante enojado y aburrido, voy a hacer un brindis al sol para rogar a nuestros queridos representantes que, a falta de otros argumentos, dejen ya de utilizar el tan manido de "y tú más" que, aparte de repetido, es una burda respuesta que puede afectar al bienestar intelectual de personas normales entre las cuales creo que me encuentro y, aunque habitemos en un estado laico, no estaría de más que estas gentes, al igual que los preceptos de la confesión hicieran examen de conciencia, contrición y propósito de la enmienda, en vez de enarbolar el magro argumento de que "el otro" pecó más que yo, que no nos soluciona nada ni blanquea a los actuales delincuentes.




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