La poción de censura
Todavía huele a aceite en las inmediaciones del Congreso. No porque algunos diputados vayan perdiendo aceite, que hay lectores maliciosos, sino porque en las dos últimas jornadas tuvo lugar un concurso de culturismo de nivel nacional y ya se sabe que esa gente va toda pringada de aceites.
El certamen estuvo promovido por un gimnasio aún sabedor de que no lo ganaría, tanto así que presentó a un culturista retirado, con los músculos venidos a menos quién, a duras penas, mantuvo las posturas requeridas por esta disciplina. Aunque se le presumía claro perdedor con semejante concursante, como así fue, obtuvo cierta notoriedad que, quizás, le vino bien de cara a captar nuevos clientes para su gimnasio.
Por otra parte, el ganador, hizo gala de su torneada musculatura, luciendo pectorales, bíceps femorales y apretado culito, como mandan los cánones. No faltó una queja del aspirante sobre el excesivo tiempo que estuvo sobre la pasarela, repitiendo alguno de los ejercicios de forma innecesaria, incluso aburrida.
El dueño del principal gimnasio de la competencia, no se presentó; probablemente porque el protocolo de esta cita no le permitía lucir su musculatura, por lo que optó por tomarse unas cortas vacaciones y dejar la olla al fuego con sus discípulos aleccionados para que no aplaudiesen al vencedor.
Sobre el resto de concursantes, poco que decir; si bien hay que reseñar que algunos sobreactuaron con elevados tonos o desmedida euforia, tal vez motivado por los copiosos y económicos desayunos que sirven en el local, por el mismo precio que los probos ciudadanos pagamos por un humilde café solo. Cierto es que no están acostumbrados a trabajar tan intensas jornadas, por lo que deben alimentarse adecuadamente ya que, pasarse dos días seguidos aplaudiendo más que unos palmeros unas Alegrías de Cádiz en un tablao flamenco, es labor ardua y dura.
Estos sí que se dejan la piel -de las palmas de las manos- literalmente, parafraseando el latiguillo de algunas culturistas miembras del gimnasio ganador.
Esta mosión de sensura, como diría otra destacada miembra del gimnasio vencedor, quien no domina bien el castellano, se me antoja más una poción de censura, cocinada en la enorme marmita del Hemiciclo, que nos hemos tenido que beber sin que, al menos en mi caso, surtiera los mismos efectos que al galo Astérix, ya que me encuentro exactamente igual de flojo que hace dos días.
Entretanto, de puertas afuera y en el mundo real, era cesada -perdón, dimitió- la directora de la Guardia Civil por presuntas irregularidades de su señor esposo y tal vez también por el pifostio que tiene montada la Benemérita Institución con algunos de sus mandos que hacen que el mismísimo Duque de Ahumada se revuelva en su tumba, y todo ello pese a que su jefazo manifestase que fue la mejor directora que tuvo la Guardia Civil (claro, no hubo otra...)
De todos modos, todo lo anterior es asunto baladí comparado con las noticias que nos llegan del Barcelona y los árbitros y el desenlace final del culebrón Shakira-Piqué-Chía, que es lo que nos interesa a los españoles y lo verdaderamente importante en estos momentos.
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¡Cómo me regodeo ahora cuándo leo tus comentarios y me felicito por no poder ver ese circo!
ResponderEliminartira de hemeroteca y te divertirás.
EliminarQuerido amigo, en España se está más pendiente de con quién se acuestan y se levantan algunos personajes que como se comportan nuestros políticos y principalmente los que nos gobiernan con Pedro I el Mentiroso a la cabeza
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