El Corral de la Pacheca
Esta antigua cita que familiarmente se utiliza para describir un desconcierto o desbarajuste exagerado, proviene de hace nada menos que cinco siglos, teniendo su origen en la actual capital de España, en la que se constituyó como emblemático lugar de representación de comedias de la época.
Pues bien, hoy en día podemos recurrir nuevamente al Corral de la Pacheca como referencia al paisaje político del que disfrutamos en "la piel de toro" (perdón por la expresión), que emana precisamente de la Villa de los Austrias, que a mi modo de ver es una comedia en toda regla.
Bien podríamos también hacer referencia a algo más actual, como el "Circo Price", estableciendo ciertos paralelismos entre malabaristas, trapecistas, payasos, tramoyistas, ilusionistas y demás personas que se ganaban la vida honradamente, con algunos otros que se la ganan sin tanto riesgo y con mejores nóminas en otros circos de la capital, si bien estos tienen en común con los del circo, que viven entre continuos aplausos, sonrisas y adulaciones de su entregado público y su ejército de palmeros en nómina. Hace meses que en los informativos de las televisiones no veo más que saltos, risas y aplausos. Entiendo que pueda ser muy motivador entre la propia tribu, pero a mí me tienen realmente harto de tanta tontería de los tontos entre ellos y para la galería.
Cierto es que a algunos "malabaristas" que llegaron de aquella manera a donde nunca hubieran imaginado que podrían llegar, ya se ha encargado de eliminarlos aquella que hizo malo el refrán de que "el perro nunca muerde la mano que le da de comer", pero de puñaladas por la espalda, incluso algunas de frente, está la política cuajada y tampoco es que, en mi opinión, merecieran mejor trato los laminados, o como se les quiera llamar. En todo caso, recuerde la protagonista que "quien a hierro mata, a hierro muere" y ahí lo dejo.
Del mismo modo considero que algún ministro "de cuota", con el único mérito conocido de ser el responsable de haberse cargado, por su ineptitud, un partido histórico -que tampoco pasa nada porque hubiera desaparecido- estará subiendo su magro currículum a InfoJobs u otras páginas de solicitud de empleo, pues entiendo que estará implicado, que no involucrado, en la particular "noche toledana" instalada entre la fauna perriflauta, como así la definen algunos medios de comunicación, afortunadamente en vías de extinción.
Dentro del "totum revolutum" que nos invade, nos sale ahora una iluminada con que hay que llevar al Congreso los cuatro idiomas que se hablan en España. O sea, reeditamos la Torre de Babel que, según rezan los escritos, se dejó de construir ante la falta de entendimiento de los constructores procedentes de diferentes orígenes y sus consecuentes lenguas y, claro, como en aquel entonces no había traductores, ni en su caso dinero público para pagarles, se fue cada mochuelo a su olivo y la torre quedó a medias.
A ver, aquí en España, desde que tengo uso de razón, nos hemos entendido en Castellano entre diferentes regiones; otra cosa será que cada uno hable lo que le plazca y sepa con quien le entienda, siendo yo el primero que practica el bilingüismo en todo momento y lugar, pero los idiomas, aunque ya parezca muy repetitivo, están para entenderse no para pavonearse.
Hay que ser muy obtuso para pretender que el Congreso de los Diputados se convierta en una especie de "Juicio de Núremberg", en el que estaba todo quisqui con los auriculares para entender lo que decían acusados, abogados, fiscales y jueces; si bien no creo que la ocurrencia prospere ya que obligaría a los señores parlamentarios a expresarse en sus correspondientes idiomas y no sé yo si todos están en condiciones de hacerlo correctamente cuando ya tienen serias dificultades para, en ocasiones, hacerlo en el idioma común.
En todo caso, este es un tema baladí comparado con el tremendo pifostio que está formando nuestro actual mandatario en funciones sobre los pactos postelectorales a raíz de los resultados de las recientes elecciones.
Este sujeto, si nada o nadie lo remedia, se va a presentar ante el Rey para postularse como futuro presidente del Gobierno, con los apoyos de los que quieren quitar al propio Rey del sillón, más los de no-sé-quién y, si hiciera falta, los del Rey de Marruecos y de los ujieres del Congreso si pudiera. Esto lo pilla Valle Inclán y le da para tres novelas. Esperpento en estado puro.
A todo esto, los monarcas y su séquito, posando risueños haciéndose fotos en Mallorca para que nos alegremos los súbditos de su bienestar y disfrute, como si nos fuera algo en ello. También veranea el susodicho e inefable presi, bronceándose no sé dónde y paseándose por Marruecos tocado con una gorra de estilo entre gánster y chulo de Chamberí, sin que entendamos muy bien el porqué (no lo de la gorra, sino lo de Marruecos)
A todo esto, ustedes perdiendo el tiempo leyendo estas líneas y yo cabreado por todo lo que tengo que ver, leer y escuchar, mientras recuerdo una de las mejores frases que he leído últimamente y que rebaja el suflé de bonanza económica que nos intentan transmitir como contraprestación a tanto despropósito: "los buenos datos macroeconómicos no se reflejan en la microeconomía"; y eso es lo que realmente importa a la gente que pagamos impuestos y a quienes cada día nos sube más la cesta de la compra, la hipoteca y todo lo demás, mientras los responsables, se ríen, aplauden, se broncean y se hacen fotos pintando la mona por ahí adelante.
Estoy ansioso porque finalice el verano para ver cómo acaba todo esto.





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