Cambiando de opinión.

 


Reconozco que, a la vista de los acontecimientos, se me habían acabado las ganas de escribir sobre cuestiones políticas, pero he cambiado de opinión, como se lleva ahora decir cuando eres un impresentable, y después de haber escuchado a la señora ministra Alegría (es su apellido, no un mote por su sonrisa perenne), que nos recomienda "hacer la digestión del resultado electoral", no me queda otra alternativa que ponerme de nuevo al teclado, más que nada, por rebeldía, ya que la digestión acostumbro a hacerla con "Almax" y no con sus recomendaciones y sobre todo,  por la acidez que me producen los informativos a los que, confieso, soy adicto. creo que por masoquismo.




Hecha la preceptiva introducción, "haré de la necesidad virtud" -como dijo el otro- en el más riguroso sentido de opinar sobre el circo, tanto real como mediático, en el que me encuentro inmerso como obligado espectador, sin que me gusten demasiado los payasos.





Los "cocineros semánticos de Moncloa", aparte de las lindezas comentadas anteriormente, recuperando frases hechas como "hacer de la necesidad virtud" para poner en valor una felonía infumable, nos ofrecen diariamente por variar el menú -lo cual es de agradecer- otras como "hacer pedagogía", o las instrucciones diarias a modo de mantra a repetir por parte de todo aquel que se encuentre en nómina del engendro, sea político o periodista de la órbita. Tengo que informarme si los periodistas que diariamente leo, escucho o veo en la televisión PUBLICA, son fijos, fijos-discontinuos, tiempo parcial, autónomos o falsos autónomos; pero eso es un tema menor.





De este modo, me imagino las consignas que, de madrugada, llegarán a los dispositivos móviles de sus destinatarios (pobrecillos ellos, con el móvil toda la noche dando por culo) y que, a tenor de lo que después se escucha a lo largo del día, bien pudiera ser algo así como:  "en cada intervención ante los medios, deberéis de decir al menos tres veces, "gobierno progresista de coalición"; o bien, hoy toca decir que "el presidente, siempre cumple lo que promete", o "PP corrupto y Ayuso miente" y no os olvidéis de citar cinco o seis veces la palabra "ultraderecha", todo esto sonriendo para que esta pantochada parezca la Arcadia feliz.




Este tipo de mensajes, repetido muchas veces, por mucha gente y ante muchos medios (afines, claro), termina por calar en el pueblo, que, en su mayoría, está a otras cosas y se queda únicamente con lo que le va sonando sin analizar nada más.

Evidentemente, esto es de primero de Marketing político, pero sigue funcionando como el primer día.

Luego vienen las cuestiones subliminales; estoy hasta el gorro de ver rojo por todas partes en la televisión pública, ¿es qué no hay otros colores?, estudios rojos, decorados rojos, presentadores rojos, tertulianos rojos. todo rojo. Qué fatiga.





Oigan, en la televisión pública, pónganme los decorados en azul y demás colores, rojo también si es preciso, si es que somos tan plurales, transversales, poliédricos y resto de piroladas que dicen que somos, tenemos un abanico de colores de fondo para que esto no parezca un burdo anuncio de la menstruación, sin detrimento de su indisimulada intencionalidad.




Por cierto, a la Selección Española, dejen de llamarle "la Roja", porque nadie a lo largo de la historia le ha llamado "la Roja", hasta que llegó un iluminatti, creo recordar que fue "el de la ceja", que se percató de que se podía asociar el color de las camisetas a la de su deriva política, pensando que los demás seríamos tan necios como él e íbamos a "tragar" con el asunto, y con ello, más cuestión subliminal y a sacar tajada del tema. Desde luego, el tiro no fue desafortunado ya que mucha juventud -hoy votante, que es lo que les importa- se lo ha comprado.




Y, como quiera que "el baile ya ha comenzao", como cantaba el recordado Víctor Jara en su composición "Ni chicha ni limoná", cuya audición recomiendo para los rojillos de salón que no la conozcan, me estoy frotando las manos porque entiendo que vamos a tener tema a diario para aburrir. 

De entrada, a quién pretendían "poner" de ministro, ha renunciado a serlo. Bueno, a este hombre había que levantarle una estatua de oro en El Retiro, porque su actitud -sin entrar en más detalles- es para hacerle la ola.




Tampoco es tema menor el asunto de que lo nombrara alguien diferente al presidente del gobierno, que, hasta donde yo sé, era quien nombraba a sus ministros, pero, en fin..., esto es como "el corral de la Pacheca", aquí nombra quien puede, no quien quiere,

Entretanto, el gallinero político colorado anda tremendamente revuelto con "quinielas" y demás intrigas para intentar determinar quienes pueden seguir comiendo caliente y quienes no. Desconozco si para ello se va a tener en cuenta el "plausímetro" de las últimas sesiones del Congreso. Me han comentado que algunos están tratándose en dermatólogos por "haberse dejado la piel" literalmente de las palmas de sus manos, y no metafóricamente como también se venía diciendo en algunos de los mantras de obligado cumplimiento por parte de aquellos que no han doblado el riñón en su vida y que tienen la desvergüenza de acuñar estas frases.





Perdón de todos modos por lo de "comer caliente", pero creo que en algún caso puede llegar a ser cierto ya que hay algunos políticos (o muchos, no sé cuántos) de los que se desconoce su profesión, estudios, habilidades o historia laboral, que podrían tener serias dificultades en el encaje en este nuevo mundo para ellos, si bien siempre les quedará el consuelo de apuntarse a las listas del paro.




Bueno, en principio, mientras la olla del país está cociendo, yo voy a seguir comiendo caliente gracias a haber trabajado, cotizado y ahorrado, durante casi cincuenta años, eso sí, mientras nuestros próceres, que esto no lo entienden muy bien, no decidan lo contrario

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