Cuento de Navidad




Con permiso de George Orwell, que hace ya muchos años había establecido un paralelismo entre la política y los animales y su precursor Esopo, me voy a inventar una fábula que, por las fechas y triste epílogo, bien podría titularse "Cuentos de Navidad", plagiando el reconocible título de Charles Dickens.




  

Había una vez una granja cuyos animales se alimentaban del pienso que les suministraban desde la cooperativa.

Estaba establecido que las diferentes especies que la habitaban, se gestionaran entre ellas y cada cuatro años, nombraran a un representante que, valga la redundancia, los representara a todos e impusiera su autoridad.

Este último cuatrienio, la granja estaba gestionada por las gallinas, a cuya cabeza estaba un gallo al que todas aplaudían y reían las gracias. El apuesto gallo hacía gala de su postureo e, incluso, había cambiado su tono de voz a más suave e íntima para mostrar una imagen más amable, aunque, cada vez más, la actuación del gallo, que tenía dos caras, estaba entrando en una peligrosa deriva, solamente aplaudida por sus propias gallinas, eso sí, fervorosamente.






Enfrentados y subvertidos por las mentiras, cambios de opinión, decretos a la carta y felonías del gallo, estaban los patos, que eran la segunda especie en número que habitaba el corral, si bien estos no podían hacer nada hasta que se celebraran nuevas elecciones y permanecían resignados y expectantes hasta la próxima fecha en la que podrían cambiar las cosas.






Mientras tanto, moraban por allí, unas vacas, ovejas, cerdos, y cuatro lagartijas, que nada tenían que ver en la fiesta, pero que comían todos los días del pienso que les daban gracias a la generosidad del gallo que se ocupaba de tenerlos alimentados y contentos para que le siguiesen votando y así mantenerse al frente de la granja año tras año.

Al fin de los cuatro años, ocurrió que, en las nuevas elecciones los patos consiguieron más votos que las gallinas, con lo cual le sobrevino un problema al gallo, que se tendría que bajar del gallinero. No obstante, el gallo, animal frío, taimado y calculador, acostumbrado a cubrir a toda cuanta gallina se le pusiese delante, urdió un plan para mantenerse en el poder:  hablaría con todas las especies animales de la granja y les prometería y daría todo el pienso que quisieran -al fin y al cabo, el pienso no era de él- a cambio también de quitárselo a los patos, con los que no se llevaba bien. 





Por si no les bastase con el incremento de la ración alimenticia, les prometió jaulas independientes, con calefacción, pienso ecológico y trato de favor respecto a los demás animalitos con los que, hasta el momento, estaban conviviendo.

De este modo, fue reuniendo las aprobaciones de todas las especies, incluida la de los últimos, que eran siete cerdos que, al final, inclinaron la balanza a favor de que el gallito continuara chingando, volando y gobernando hasta la próxima moción de censura.





Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Comentarios

  1. Sólo faltó poner el nombre a cada uno de los animales, quizás sería también oportuno el mencionar la inmensidad de ganado lanar y caprino que actuaba como acompañamiento

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