El baile ya ha comenzao.
Pues, eso; el baile ya ha comenzao (y terminao)
Afortunadamente se han ido, lo de "se han ido" es un decir pues directamente las han despedido, las ministras, ministres o lo que se consideren, nombradas " a calzador", con su lamentable última intervención con ese permanente sentido talibán de profanar el diccionario de la RAE. No lo han conseguido. Como tampoco han conseguido frenar la violencia machista, leit motiv de sus ministerios, pero eso daría para otro artículo y ahora, no es el caso.
Los moraos, o moradas, mejor dicho, se van con los ojos moraos, valga el chiste fácil, de los puñetazos que les ha infligido la, tan sonriente como soberbia, vicepresidenta repetidora. No se olvide ésta del viejo refrán que sentencia "tal ver, tal esperar". Pero mientras tanto, como ya repito en algunas ocasiones, continuará "comiendo caliente", mientras las defenestradas volverán a intentar buscarse la vida dentro de su decadente partido en ruinas.
Me encanta, es ironía, el intercambio de ministerios entre gentes que tampoco controlaban excesivamente los suyos; o, volviéndola por pasiva, si eran tan buenos en sus puestos, ¿por qué los intercambian?
Llegado este punto se me antoja que el que nombra cumple con el "Principio de Peter", elevando a sus fieles a su mayor grado de incompetencia; pero es una opinión, claro. Bien cierto es, que da que pensar que muchos ministros no tengan ni puñetera idea del campo en que han desarrollado o van a desarrollar sus respectivos ministerios; ejemplos hay, pero siempre habrá alguien que justificará que su inteligencia está por encima de cualquier tipo de experiencia y conocimiento de lo que se van a traer entre manos, si bien lo idóneo sería una combinación entre el "savoir faire" y conocimiento de la materia.
En fin, el Sumo Sacerdote sabrá lo que hace, que, a buen seguro, sí lo sabe.
Lo que no me parece nada bien es, como siempre, la jerga que rodea a toda esta parafernalia y que, tristemente obedece a la cruda realidad. De este modo hemos podido escuchar que "ha premiado" al aspirante a la alcaldía de Pucela, con un ministerio por la interpelación que hizo ante Feijoó en su fallida sesión de investidura, o que "ha ascendido" a no sé quién por los esfuerzos realizados en la pasada legislatura.
A ver, esto me hace pensar que los ministerios van baratos y la cosa va de premios y castigos, no de capacitación. Si por una intervención - por otra parte, burda y grosera - te ganas un ministerio, pues no sé yo qué más te pueden dar si tienes algún mérito más. Tal vez una vicepresidencia, y si no la hay, se inventa, como ha ocurrido.
Tampoco es asunto baladí, encadenado con lo anterior y aunque se hubiera colado entre todo el ruido de los nombramientos, la creación de una cuarta vicepresidencia "a la carta" para premiar las aportaciones a la causa de la señora ministra de Hacienda en funciones, salvo que fuese para remunerar a mayores su ya, tal vez, merecido sueldo y sus enardecidos, desmedidos y frenéticos aplausos al líder en todo momento y lugar. No sé a cuánto se cotizan las vicepresidencias en este país, ni mucho menos para qué se necesitan cuatro, pero supongo que estarán por encima del salario mínimo interprofesional; digo.
Bueno, esperemos al menos que los que han posado, cual si fueran modelos para la portada del "Vogue", en las escaleras de Moncloa, duren más en sus puestos que anteriores nombramientos efímeros, quienes apenas habían tenido tiempo de buscar piso en Madrid y ya están de vuelta a sus localidades de origen; unos en AVE y otros como pueden, según sean sus regiones más o menos afines al Régimen y al Ministerio de Transportes, entidad competente para estos menesteres.





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