Las bolitas de plástico
No me cabe la menor duda de que estamos destinados a la extinción como especie; no tanto por fenómenos naturales incontrolables, como el temido meteorito, sino por nuestra propia imbecilidad e idiocia.
Para muestra, el tratamiento que se le está dando al vertido de "bolitas de plástico" que está inundando las costas gallegas desde hace varias semanas.
Ojalá me equivoque, pero en cuanto a la nefasta actuación por parte de los responsables del asunto, podríamos llegar a enmarcarlo en la "crónica negra" de desastres de gestión de comunicación y actuación por parte de los mismos.
Me remito, como casi siempre hablando de lo que he conocido, a los años ochenta en los que el entonces ministro de Sanidad, Sancho Rof, hacía un desenfadado comentario sobre el escándalo del aceite de colza para minimizarlo, afirmando, más o menos: "es un bichito que si se cae de la mesa al suelo se muere". Los que se murieron o quedaron lisiados de por vida fueron los miles de españolitos que consumieron aquella mierda que vendían como aceite sin ningún tipo de control sanitario por parte de quienes tenían que hacerlo y que después, intentaron crear relatos (como está de moda ahora) para intentar distraer y restar importancia a la tragedia y sus negligentes responsables.
En noviembre de 2002 cuando yendo para el trabajo, en la radio del coche escucho que había un petrolero "sin máquina" frente a las costas gallegas, narrado así sin mucho énfasis entre otras noticias, me quedé tremendamente preocupado. Al paso de las horas mi preocupación fue creciendo, tanto o más ante la ausencia de noticias de cierta credibilidad y temiéndome lo peor.
Quedarse "sin máquina" en alta mar, aclaro para los profanos en asuntos marítimos, no es una gran noticia, más bien anticipa un desastre que, si se trata de un petrolero, puede alcanzar dimensiones catastróficas, como así ha sido.
Lo cierto es que, viendo semejante "patata caliente", nadie sabía que hacer, ni siquiera a efectos de prevención para anticiparse al peor de los escenarios. De este modo, y no pretendo recordar lo que ya se conoce sobradamente, aquel despropósito organizativo marcó unos años lamentables para muchísima gente de nuestra comunidad; de hecho y ya entrando en 2024, todavía no se han cobrado las indemnizaciones correspondientes a tal desastre, cuando ya han fallecido o están jubilados muchos de los perjudicados.
Y ahora que todavía tenemos presente en el recuerdo aquel trágico noviembre de 2002 en el que los políticos de turno (bien cierto es que los políticos del momento, dejaban bastante que desear, aunque tampoco menos que los actuales), en un esfuerzo impresentable nos intentaban hacer creer que había "unos hilillos" de petróleo que se solidificarían en el fondo del mar, cuando la realidad era que se avecinaba la mayor catástrofe natural acaecida en nuestro país por causas "no naturales", nos aparece un "nuevo Prestige", eso sí, afortunadamente -en principio- menos contaminante y peligroso, pero semejante en cuanto a ausencia de decisiones y actuación descoordinada por parte de las administraciones responsables (lo de "responsables" es un decir)
Tras dos décadas, la historia -como siempre- se repite; los políticos ineptos no son los mismos, pero son igual de ineptos, y en unos días se cumplirá un mes desde que existe conocimiento del accidente marítimo que liberó millones de "bolitas de plástico" con más que probable destino a nuestras costas y es hoy el día en el que todavía se está discutiendo entre administraciones de diferente color político, quién tiene que hacer qué, sin resultados tangibles.
Entretanto, presencio con bastante cabreo las televisivas tertulias políticas en las que se dicen auténticas sandeces, únicamente orientadas a responsabilizar al adversario político y justificar la actuación del partido que paga al periodista o a la televisión que emite el programa en cuestión.
Lo único cierto es que los señores que nos gobiernan, peor que mejor, están más pendientes de aferrarse a los sillones, a ascender dentro de la organización y/o gobierno de turno, a la foto de los aplausos y a pactar y a dialogar, que realmente a lo que hay que estar que, en este caso, es actuar de forma inmediata sobre un problema ambiental de gran dimensión.
Me ha hecho especial gracia el comentario de una periodista, en principio de cierta relevancia mediática, que se compadecía de que los gallegos íbamos a comer pescado contaminado con plásticos. Pues mire usted, más o menos, los mismos plásticos que vamos a comer en Galicia, los va a comer usted en Madrid, porque hasta donde yo sé, el pescado que se consume en Madrid no se pesca en el Manzanares, sale de las lonjas gallegas pasando por Mercamadrid, con lo cual agradezco su compasión, pero compártala con el resto de España, ya que el problema no es exclusivamente local y, como decía el loro en el chiste, "ahora nos jodemos todos".
Y, puestos a hacer gracias, no es menos graciosa la intención de abordar este asunto con aviones y submarinos. Esta gente tiene tanta desvergüenza como ignorancia y prepotencia: ¿cómo pretendes divisar un saco de medio metro, en el océano, desde un avión? ¿qué puede hacer un submarino en la profundidad que se encuentran los contenedores afectados?, esto en la hipótesis de que los submarinos disponibles puedan bajar hasta allí. Desconozco si es falta de inteligencia o exceso de hipocresía, pero este tipo de soluciones no se le ocurre ni al que quiso asar la manteca.
Vamos a ver si tenemos suerte y entre tanto politiqueo y demagogia alguien decide, entre despacho y despacho, moqueta y moqueta y café y café, qué es lo que hay que hacer, cómo y cuándo (ya, por supuesto), para evitar que las mareas entierren "las bolitas" en la arena o las devuelvan al mar para insalubre consumo de nuestras especies marinas y subsidiariamente el nuestro propio; actuaciones que en mi opinión y en la de mucha gente de mar, se reduce a una limpieza intensiva y diaria de las costas entre funcionarios, parados, presos y voluntarios, obviamente que se encuentren en condiciones físicas de hacerlo, que son unos cuantos millones, dirigidos y coordinados por gente sensata y no por políticos.
El problema es que a algunos políticos responsables de estos asuntos habría que explicarles lo que son "las mareas vivas", entre tantas otras cosas que habría que explicarles también, mientras se hacen fotos, vídeos y entrevistas con las bolitas, ataviados como si estuvieran trabajando, en un vano intento de hacer ver que hacen algo y, de paso, aprovechar para echarle la culpa "al otro"









Una vez más has dado en el punto exacto. Felicidades
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