La amnistía y derivados.

 


Situémonos en una hipotética "13 Rue del Percebe" que, con tanta gracia y talento, nos alegró la pestaña durante muchos años el recordado Ibáñez.






Pues bien, en este edificio de 17 viviendas, uno de los inquilinos decide, de forma "unilateral" que su piso ha dejado de pertenecer a la comunidad de vecinos, contra la opinión de otros nueve que conviven con él en el piso, si bien no abandona físicamente el edificio; claro, el piso no se puede arrancar de allí, pero él no quiere saber nada de los otros 16 ni la normativa que les atañe a todos.

Previamente, como ya se había advertido que este vecino era un tanto díscolo, para intentar conformarlo y en aras a la convivencia y reconciliación, le habían consentido que unos fondos destinados a la mejora de su parte de fachada y balcón, los hubiera distraído en fiestas personales que nada tenían que ver con su honesta finalidad en pro de los habitantes del piso.

Al final, el presidente de la comunidad no tuvo más remedio que denunciar al vecino por declararse independiente de la misma y llevarlo a los tribunales de justicia, los cuales admitieron a trámite las demandas de la comunidad por razones obvias y evidentes de "malversación de fondos" y "sedición" y se dispusieron a llamar a capítulo al artista.





El vecino astuto y taimado, viendo la que se le venía encima, salió por piernas y puso tierra por medio para evitar ser procesado y, con toda seguridad, condenado y pasar de su confortable piso a la trena.




Pero, hete aquí, que unos años más tarde, el presidente de la comunidad, ante las nuevas elecciones que se avecinaban y persiguiendo su continuidad al frente de la misma, porque no sabía hacer otra cosa y de algo tenía que comer, se puso en contacto con el inquilino prófugo para captar su voto, imprescindible para renovar su mandato.

El inefable vecino, le respondió "mi voto te doy, pero has de reconsiderar que el dinero que me diste para la fachada y balcón y que me lo gasté en lo que me salió de allí, estuvo bien empleado y que, de este modo no me metan en la cárcel. También que mi declaración oficial de "espantá" no tiene que tener más pena que la de una ensoñación, o sea, ninguna".

Vale, contestó el presidente sin despeinarse, además, cambiaré las normas de la comunidad para que ese tipo de actuaciones se puedan repetir a tu gusto y cuando así lo desees.





Bueno, dijo el prófugo, pues entonces, vuelvo para el edificio, pero ya te aviso que en cuanto llegue me vuelvo a declarar independiente de la comunidad y os van a dar a todos.





Muy bien, tú vótame, ven y ya vamos viendo.

Y, colorín colorado, este cuento NO se ha acabado.

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