La regeneración democrática, según San Pedro.
Un ejemplo de lo que debería de ser la "regeneración democrática", término acuñado por nuestro prócer en su reciente retiro espiritual como única aportación conocida del mismo, y de la que parece ser que obran todo lo contrario sus ministros, los de dedo y los de cuota impuesta, viene a ser la aproximación que están protagonizando la alcaldesa de Coruña (PSOE) y el presidente de la Xunta (PP), en aras al tratamiento urbanístico del puerto e inmediaciones en esta localidad portuaria. Sin entrar a fondo en la cuestión y su desarrollo, al menos se percibe un afán de entendimiento que no se prodiga entre otros estamentos y colegas políticos de otros lares.
Y hablando del retiro del líder, el único cambio que percibo tras la catarsis del recogimiento del resiliente, es su tono de voz en las entrevistas, que se ha tornado más aterciopelado y melifluo, al punto que me recuerda a aquellos curas de tonsura, sotana de 33 botones y olor a naftalina, cuando al otro lado del confesionario te perdonaban los pecados que habías cometido de pensamiento, palabra, obra u omisión. A tenor de la profusión de entrevistas en este tono íntimo, se me ocurre añadir a la lista de sobrenombres sugeridos para cuando el sujeto abandone La Moncloa, si es que llega a abandonarla algún día, el de Pedro I El Suave, que entraría en disputa con los ya conocidos de Pedro I El Generoso y Pedro I El Magnánimo, ambos con origen en sus propias manifestaciones.
Dicho lo anterior, también parece que aprovechó los cinco días de asueto remunerados, para lavar los pantalones y camisa vaqueras de los que no se apea, recordándonos al Dr. Jekyll y Mr. Hyde, con una imagen que contrasta fuertemente entre los maitines de la mañana y los mítines de la tarde.
Este señor es el que encumbra a un aborigen pucelano (léase atendiendo a la definición RAE de aborigen, sin buscar concomitancias peyorativas), al más alto nivel de Servidor Público, ministro de España, cargo en el que entra cual elefante en cacharrería, agradeciendo a su mentor tildándole de "puto amo", con un leguaje impropio del titular de un ministerio. Tampoco es desdeñable el piropo dedicado al primer mandatario argentino, causando un revuelo diplomático del que al final, el periodismo afín al régimen, parece que culpa a la oposición y al propio agredido verbalmente de este desaguisado, en la línea de maquillajes y relatos que suelen sostener por defender lo indefendible. Por último, su aparición de ayer sancionando la OPA de BBVA, como si se tratara del mismísimo ministro de economía nos ofrece una imagen de una persona que domina todos los temas con solvencia, cuestión más propia de aquellos que saben "un poco de todo y mucho de nada". Dado el perfil de su cartera ministerial, sería deseable que redujese su proliferación en piroladas tanto en redes sociales, que abraza con fervor, como en apariciones presenciales, y pusiera más empeño en solucionar las deficiencias en las comunicaciones, por ejemplo, la ferroviaria entre Coruña y Lugo, que está igual que en el siglo XIX, cuando las máquinas eran de vapor, o las propias carreteras, con baches que como caigas en uno no sales.
Otro exabrupto de categoría sideral protagonizado por otro ministro que se sienta a la nutrida mesa del Consejo de Ministros, ha sido el del titular de Cultura quien, en esta ocasión, se levantó de la cama con una ocurrencia. Este hombre, ministro de cuota e imposición por la competencia societaria, está adscrito a un partido con ADN perriflauto, con lo cual no es completamente del agrado de la mayoría de los compañeros de mesa que en ocasiones no están de acuerdo con él. Pues bien, hoy se ha puesto la capa de Superman y se ha despachado con la afirmación de que se va a cargar la Fiesta Nacional, o sea, la tauromaquia. Ole. Así, sin despeinarse y a puerta gayola; bueno, despeinado ya anda habitualmente. Poco ha tardado la señora ministra portavoz para hacer una aparición pública manifestando, entre las sonrisas que le caracterizan, tras una manoletina y una verónica verbales para torear el mihura que le soltó el Urtain, o como se llame, venir a decir, en otras palabras, que al señor ministro ese, "ni puto caso", en sentido figurativo y para entendernos.
Para finalizar y no hacer demasiado extenso este artículo, aunque queda mucho en el tintero, no puedo dejar de señalar, fruto también de la descoordinación entre miembros del Gobierno, las diferentes posturas sobre el conflicto de Oriente Medio, unos a favor de unos, otros en contra de estos, otros a favor de los dos bandos y otros en contra de ambos. Todo esto, según el carnet y las filias y fobias del opinador de turno, podría definirse como un ejemplo de progresismo, pluralidad, tolerancia y transversalidad; mientras que, para el otro bando, sería simplemente "La casa de tócame Roque". Esto es entendible dado el ingente número de ministros y sus rotaciones quienes deberían traer loco al personal de seguridad de Moncloa que, salvo al "núcleo duro" tendría dificultades para identificarles debidamente y no sería de extrañar que tuviesen que pedirle el DNI a alguno reiteradamente. Tampoco ayuda a la coherencia del grupo la capacitación para el cargo de alguno de ellos, al que parece que le queda grande la cartera, tanto en sentido figurado como literal.
De momento, dejaremos la cosa así, ya que se vienen las elecciones catalanas y eso sí que va a dar juego y jugo; siendo los contendientes por una parte constitucionalistas, por otra, independentistas de derechas reaccionarias, más los independentistas de izquierdas republicanas y otros de sumar, restar, multiplicar y dividir, con un prófugo aspirante a la presidencia quien anuncia previamente que, si no sale presidente, se va a retiros espirituales -emulando a su socio de gobierno- a donde no lo conozcan y lo aguanten. Entretanto, anuncios de sanciones a empresas que no se dobleguen a sus pretensiones, al más puro estilo fascista, y todo ello en aras a no sé qué tipo de progreso para la región, autoproclamada superior a las demás.
Pues, eso, la semana que viene, más diversión de la serie de tragicomedias nacionales con el pifostio que se avecina por tierras de Wifredo "el velloso".
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