Viva el comunismo.
Yolanda Díaz aboga por adelantar la hora de cierre de los restaurantes y considera una "locura" ampliar los horarios.
A mí, en principio, todo lo que pueda decir Yolanda Díaz como persona, me la trae al pairo; no tanto así, cuando se pronuncia como vicepresidenta del Gobierno, o ministra de Trabajo, por la gracia y necesidad de Pedro I El Generoso, en cuyo caso ya me concierne como ciudadano que paga religiosamente sus impuestos.
Vamos a ver si alguien me ayuda a entender esto:
Primero, nos venden todo tipo de horarios para que el comercio y la hostelería puedan atender a diferentes clientes quienes, por sus respectivas circunstancias laborales, tengan derecho a disfrutar de los mismos servicios que otros que tengan horarios "mas convencionales", lo cual parece razonable, y ahora, me viene la licenciada esta con que hay que cerrar los restaurantes a la hora que a ella le salga del moño.
Hasta donde yo conozco, esto sucede en regímenes totalitarios como Corea, Rusia o China, pero a mí me salen sarpullidos cuando veo que asoma una deriva gubernamental imponiéndome a qué hora tengo que cenar, comer o acostarme, dónde y con quién.
Como ya soy muy mayor, esto me recuerda a las épocas franquistas, tan denostadas tanto por mí como por estos progres de moqueta y medio pelo quienes, tanto o más totalitarios que el difunto caudillo, nos intentan imponer sus criterios de modos de vida a su imagen y semejanza.
Pues a mí, ni me gustaban los modos del dictador declarado, ni me gustan los de estos dictadores disfrazados; si acaso, todavía menos los actuales, porque del "otro", ya sabías lo que había, pero los actuales, te lo intentan "vender" como progresismo, y esto no es progresismo, es una mierda pinchada en un palo, se pongan como se pongan y relaten lo que relaten.
Ya sé que mis queridos y amigos lectores polarizados, que algunos tengo afortunadamente, le buscarán la derivada de que el mensaje iba dirigido a los exigentes horarios de la hostelería y la supuesta esclavitud de sus empleados, pero, queridos amigos, para eso ya están los sindicatos apesebrados, cuyos representantes más mediáticos -uno, el que no oye, y otro, el de los fulares- que de comer gambas y darse homenajes gastronómicos, están más que reconocidos, conocerán el terreno. Supongo que estos defensores del asalariado común dominarán el sector, porque de no ser así, deberían de dimitir mañana mismo por su incompetencia en la defensa de los trabajadores de la hostelería que, por otra parte constituye, una de las principales fuentes de ocupación laboral y aportación al PIB de nuestro país.
Quiero poner de relieve que, hace 50 años más o menos, antes de que la señora ministra hubiera hecho su Primera Comunión (si la hizo, cuestión que ni me importa ni conozco), y con Franco todavía vivo, ya existían establecimientos de restauración abiertos 24 horas a los que yo acudí, con todas las de la ley; entonces, señora ministra de conveniencia coyuntural, el problema es suyo, de su gabinete y de su cartera ministerial, por no ser capaz de establecer las correspondientes instrucciones, consignas, inspecciones y sanciones, que impidan que se vulneren las leyes y derechos laborales, pero no recurra a cerrar establecimientos a la hora que a usted le venga en gana a modo de pírrica solución a los problemas que, por su incompetencia, no sabe resolver de forma adecuada.
Desconozco, también, porqué un restaurante tiene que cerrar a la una, mientras miles de establecimientos conocidos como "afters", abren cuando y como les da la real gana, además siendo centros bien identificados y denunciados por consumo de drogas y altercados de todo tipo. Ahí, miramos para otro lado, derivamos la responsabilidad a los gobiernos municipales, o autonómicos (que tal bailan) y todos contentos.
Me encantaría conocer al concejal o funcionario de turno que concede licencia a un establecimiento de Lugo para "tablao flamenco", con la tradición y querencia que tiene esta ciudad para con el flamenco, al tiempo que ignoro porqué este tipo de lugares tienen que estar abiertos hasta horas intempestivas.
Váyanse al carajo de una vez con sus farsas y populismos y dejen que la gente sea feliz sin sus ocurrencias, controlando lo que realmente hay que controlar, aunque eso no aporte votos, que es de lo que se trata y lo único que les importa.

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