Los cocineros de Moncloa.


 

 
Obviamente, para mis fieles y sagaces lectores, el título ya da pistas sobre lo que va a venir a continuación. De todos modos, quiero advertir a ofendiditos, polarizados y demás gentes de buen vivir, pero no objetivas, que estas líneas son solamente una fabulación, sin que nada tengan que ver con la realidad. 




Ahora, que al prócer se le ha dado por enseñarnos el palacio de la Moncloa, como si no hubiese otra cosa mejor que hacer, vamos a hablar un poco de sus cocinas.



En principio, las cocinas propiamente dichas del lujoso palacio, tienen menos trajín que su capilla, o al menos eso demuestra la imagen escuálida del inquilino eventual a título gratuito del lugar, que no invita a pensar que entren en su dieta habitual cocidos, calderetas de pescados, paellas o platos típicos de nuestro país, con lo cual, con unas hojas de lechuga, algo de quinoa y dos copos de avena, ya va el tipo servido. Por mi parte, independientemente del color político que tenga un gobernante, si no sabe comer, malamente podrá gobernar; pero en todo caso es una burda y subjetiva opinión.

Dicha esta tontería, me quiero referir a la "cocina semántica" que mi desbordada imaginación sitúa en los sótanos del suntuoso palacio que sirve de morada y lugar habitual de trabajo del líder que nos gobierna desde hace varios años.



A nadie se le escapa que la fortaleza del nazismo hitleriano, vino de la mano de su lugarteniente Goebbels, máximo responsable de la información (desinformación) de los avatares prebélicos y bélicos después, metiendo más o menos caña en función de por dónde viniera el viento y ordenara el Jefe.



Pues bien, creo que, en nuestro caso patrio, no hay un Goebbels a tiempo total, si bien las órdenes emanan de lo más alto de la cúpula y su transmisión es breve, directa y concisa. Me explico:

Si tenemos una semana en la que está cayendo la mundial en cuanto a la integridad del gobierno, con los catalanes saliéndose por rumbas y la de Sumar, restando, más los de Podemos y los vascos pintando la mona, como siempre; el mandamás ordena que saquen una palabra para contrarrestar todas estas evidencias de difícil digestión, cuando al gobierno se le podría calificar, como poco,  de frágil o ENDEBLE.

Los cocineros, en su oscuro sótano, tardan poco en encontrar la palabra clave: ROBUSTO. A fuerza de repetirlo cientos de veces, nos iremos convenciendo -al igual que ocurría con Goebbles- que estamos disfrutando de un gobierno ROBUSTO.



Reparen en la fuerza que tiene el vocablo ROBUSTO: fuerza, cohesión, firmeza..., todo lo contrario de lo que está ocurriendo, a ver si cuela. El mundo al revés y paga extra para los cocineros.

El genio aplaude y en maitines, ordena a sus ministros que en cualquier intervención que tengan ante los medios, introduzcan la palabra ROBUSTO (de este gobierno de coalición progresista, hay que añadir), dos o tres veces por minuto, a modo de mantra.




La consigna se cumple (y a las hemerotecas me remito), y aquí paz y después gloria. O sea, estamos ante un gobierno ROBUSTO de coalición progresista, por si alguien no se ha enterado todavía.

Podría remitirme a decenas de palabras anteriores que se han puesto en valor para justificar lo injustificable, pero para no aburrir me inclinaré por la de esta semana, más que nada porque ya me duelen los oídos de tanto escucharla y quiero dejar constancia de mi total aversión a esta pantomima semántica y subliminal que me tiene abrumado.

Cualquiera que haya visto un espacio televisivo, abierto un periódico o escuchado una cadena radiofónica, habrá visto y escuchado un ciento de veces la palabra "CONTUNDENCIA". 

Pues bien, otra orden a la cocina semántica gubernamental: "Señores, nos salen granos por todos los sitios. Tenemos líos sexuales, familiares, financieros y de todo tipo, ¡ Inventen una palabra para salir del paso !"

Y van los cocineros y sentencian: CONTUNDENCIA, palabra a repetir por ministros, ministras, portavoces "portavozas", periodistas afines al Régimen y demás deudos: "Somos contundentes ante la corrupción". Contundencia por aquí, contundencia por allí. Y venga contundencia.

Espectacular.

Y, así, hasta el culo de escuchar CONTUNDENCIA, una y otra vez; al punto que no me puedo contener y tengo que perder el tiempo para escribir unas líneas para desahogarme de tanta estupidez (y no me vale el "y tú más" como manido y habitual argumento de desacuerdo).

Contundencia, señores, es la que hay que tener para elegir a los colaboradores, detectar las "ovejas negras"  y en su caso, cesarlos en su momento, porque el refranero español es muy rico y ya hace muchas décadas sentenció aquello de que "quién con el niño se acuesta, meado se levanta".



En la empresa privada, habrían durado media hora todos. En la política, "vengan días y caigan chuscos", pero dejémonos de relatos, semántica y tonterías de los tontos y para los tontos. Ya sabemos que España va bien y no hace falta recordarlo de estas formas y, remitiéndome al principio del artículo, esto son solamente elucubraciones mías.

Comentarios

  1. Extraordinario el artículo pero ya sabes que corres el riesgo de que te pongan la etiqueta de fascista sin saber ni siquiera eso lo que significa, además de ser de la ultraderecha y hasta algunos se atreverán de insultar a tu madre (+), pero se considerarán progresistas, reformistas, feministas y ecologistas aunque en realidad son simplemente unos expertos en felaciones al líder

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  2. Fenomenal como siempre, procuraré ser contundentemente robusto, si he aprendido la lección de hoy.

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