Rebus sic stantibus

 



Aún a riesgo de que mis amigos letrados se rían de mí, cuestión que por otra parte les tolero con indisimulada displicencia, no quiero pasar por alto una doctrina jurídica que podría constituir el bálsamo idóneo que pudiera justificar actuaciones por parte del actual presidente del Gobierno, totalmente discutibles y discutidas y que su utilización podría servirle para quedar bien ante sus fieles menos incondicionales.


Al menos, sería una alternativa a una disculpa algo más novedosa e imaginativa que la foto descolorida de Feijoó, o las andanzas de Aznar cuando tenía bigote, asuntos estos que, por tan manidos, semeja que ya no causan el efecto deseado, pese a utilizarlos como un mantra en el tedioso discurso del "y tú más".





Se trataría de la puesta en valor y correspondiente aireo, del término jurídico rebus sic stantibus. 

La traducción más o menos literal viene a ser "estando así las cosas", en el momento en que se hubiera formalizado un contrato. Al parecer, esta figura contempla que te puedas pasar un contrato (en este caso, el contrato de las promesas electorales), por el forro de tus pudendas partes, sin que ello sea constitutivo de delito ni posible denuncia, siquiera moral.





Viene a decir esta figura comodin que, si las condiciones cambian, el contrato se va al carajo, no se cumple y punto.

Trasladado a los comunes de los mortales podríamos aplicarlo a que, si tú tienes una hipoteca porque estás currando en una empresa potente y con un buen sueldo y mañana, por lo que sea, te despiden, vas al banco y le espetas al director, no te pago más porque: rebus sic stantibus, y aquí paz y después gloria; aunque los del banco, que son listos como arañas y muchos no dominan el latín, no iban a tragar con tu singular propuesta y te ibas a quedar sin casa como me quedé yo sin abuelos. Pero eso es otro tema.

En todo caso, ciñéndonos al espectro político, mucho me temo que esto no va a ser posible, aunque podría ser una eufemística disculpa de los dislates que se vienen produciendo a lo largo de esta legislatura y que los ministros y ministras portavoces y portavozas y los tuiteros y tuiteras más pródigos y pródigas en sus manifestaciones, utilizarían al servicio de la causa a falta de otros argumentos más consistentes.





No obstante, para su aplicación, en primer lugar, se requiere una alteración extraordinaria de las circunstancias concurrentes a la fecha del contrato. En principio, parece que España y los españoles, salvo los fallecidos, seguimos siendo los mismos que antes del pacto preelectoral con los electores; si bien alguno sí que está alterado, tal vez con razones de peso, pero eso es un asunto personal de cada quien. Por tanto, el primer principio ya no se cumple.

Imprevisibilidad: Sería previsible que ibas a necesitar para gobernar, partidos que te exigirían el oro y el moro y te chantajeasen en plan mafia napolitana, o sea que, de imprevisible, nada de nada. Ya se veía venir si la cosa anduviese justa a la hora del recuento de los votos como así ha sido.

La tercera condición exigida por los juristas es la de excesiva onerosidad. En el caso que nos ocupa, que cada quién calibre cuanto "oneroso" supone en términos políticos, sociales y económicos, ceder a las desmesuradas exigencias de los oportunistas, egoístas, codiciosos y avariciosos socios de todo tipo, condición y ralea.

Por último y no menos importante, la inexistencia de otra vía. A nadie, en su sano juicio, se le puede escapar que hay otras vías para redimirse, pero eso lo dejo para debate y superior criterio de los que saben más que yo de todo esto y respiran política por todos sus poros y a todas horas.

Para concluir, remitiéndome a terminología latina dado que el Derecho Romano todavía sigue vigente en muchas de sus doctrinas en nuestra actual legislación, existe un término que manda a esparragar al pomposo "rebus sic stantibus" y que no es otro que el "pacta sunt servanda" que más o menos viene a explicarnos que los pactos están para cumplirse, sean mercantiles, sociales o electorales, en este último caso aplicable a los aspirantes a gobernar para con sus potenciales votantes y creyentes y que estarían formalizados en las promesas electorales de sus animosas campañas, bien patentes en las hemerotecas para refrescar memorias laxas y dispersas.

Y quien quiera entender, que entienda.
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